
activista x accidente
En la crónica que narra la trayectoria de Víctor Huerta Jouvin —plasmada inicialmente en su obra Señuelo 17 y en su evolución como “activista por accidente”—, nos encontramos ante un relato visceral de un hombre empujado a la acción por las circunstancias más oscuras del Ecuador contemporáneo. Todo comienza en enero de 2020, cuando una trampa orquestada por la principal banda criminal del país, Los Choneros, y su líder, Rasquiña, fractura su mundo. Tras ser acusado falsamente de abuso sexual para extorsionarlo y luego secuestrado a plena luz del día en Guayaquil, su liberación se logra de una manera que roza el thriller de espionaje: mediante un pago negociado por un comité que incluyó a dos ex agentes de la Mossad, amparados por una aseguradora internacional. De esta experiencia traumática nace una obra catártica que, de forma premonitoria, anticipó la oleada de violencia que azotaría a la nación.
La decisión de publicar su verdad trajo consigo un costo altísimo: la ruptura definitiva con su entorno familiar, que cumplió su amenaza de retirarle todo apoyo económico, logístico y social. Abandonado a su suerte, Huerta optó por la dignidad y la coherencia. El relato explora entonces cómo su particular bagaje intelectual —una mezcla de las conferencias de gurús del marketing que escuchó en su infancia y la cruda sabiduría de las calles y revistas irreverentes— le sirvió de brújula. En su camino, encontró inspiración tanto en figuras históricas como en héroes cotidianos, desde la creadora de contenido Nancy Risol en los páramos de Saraguro hasta las madres resilientes de los mercados costeños.
Uno de los pasajes más fascinantes y crudos de su transformación ocurre en Quito, específicamente en la Plaza del Teatro. En un esfuerzo por forjar su carácter y entender la realidad del país, Huerta se aísla en un edificio patrimonial de esta zona roja, conviviendo con la precariedad, la prostitución y la delincuencia. Esta “vecindad” se convierte en su verdadera escuela de estoicismo y disciplina. A la par de esta vida espartana, se somete a técnicas de auditación derivadas de la Dianética para desarmar los engramas de su secuestro. Es en este proceso de deconstrucción y sanación donde el lector comprende la magnitud de su resiliencia, viviendo bajo perfil y convirtiéndose, de manera singular y sin ser judío, en un sujeto de interés para el Estado de Israel.
Finalmente, la obra destaca la consolidación ética e institucional de su lucha. Tras firmar ante notario su “suicidio político” —renunciando irrevocablemente a cualquier cargo público para garantizar su independencia—, Huerta logra establecer en el país la Non-Violence Project Foundation Ecuador. Más que un testimonio de supervivencia, esta historia es un manifiesto descarnado sobre cómo transformar el trauma en una estructura de apoyo social. La lectura nos deja con una reflexión profunda e ineludible: en un entorno de violencia, el activismo exige tanto romanticismo como un implacable rigor, demostrando que cuando la vida te cambia en un segundo, la única respuesta válida es seguir caminando, incluso con miedo.
“…The greatest victory is that which requires no battle….”
Sun Tzu, The Art of War
